Estrategia digital: ¿insecto o mamífero?

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La estrategia digital puede oscilar en dos extremos opuestos en función del foco de acción en su expansión en el entorno digital.

En la naturaleza es difícil conseguir sobrevivir como individuo, o como especie. Los recursos son limitados y los competidores numerosos y preparados. Existen muchas estrategias para conseguirlo, pero a nivel de poblaciones se habla de dos estrategias extremas y contrapuestas. Ambas intentan garantizar en la medida de lo posible que se consiga la perpetuación de la especie en sucesivas generaciones. Son las estrategias “r” y “k”.

Estrategias “r” y “k”

La estrategia “r” es propia de organismos que tienen una alta tasa de producir descendientes, a los que no cuidan y que por tanto sufren altas tasas de mortalidad. Sin embargo, sobreviven los suficientes para dar lugar a una nueva generación. El ejemplo son los insectos.

La estrategia “k” es todo lo contrario ya que estas especies tienen muy pocas crías. A ellas les dedican un gran esfuerzo y energía en prodigarles grandes cuidados para garantizar su supervivencia y una nueva generación. Los grandes mamíferos serían el ejemplo.

En el mundo digital también es difícil sobrevivir. Los recursos (leads, reputación online, ventas en e-commerce, inversiones…) para seguir adelante son limitados y los competidores muchos y y pelean duramente por su parte. Frente a esta situación se plantean también diferentes estrategias de actuación, y es donde se puede apreciar un paralelismo en los casos más extremos con las opciones “r” y “k”.

Estrategia digital “r” y “k”

La estrategia de “colonizar” los soportes digitales disponibles con los mensajes publicitarios en diferentes formatos (banner, Adwords, vídeo, ads en redes sociales…) recuerda a la estrategia “r”. Se lanza un gran número de “descendientes”, con un esfuerzo económico importante. La esperanza está en que alguno de esos reclamos genéricos consiga su objetivo de captar un lead o conseguir una compra. Sin embargo, el grado de fidelización y recurrencia sea a priori más limitado.

Al otro lado tenemos la elaboración de contenidos cuidados, segmentaciones precisas, desarrollo de formatos digitales de valor añadido que van “alimentando” la creación de una comunidad digital y las opciones de obtener resultados a medio o largo plazo, pero a cambio, más duraderos y con mayor fidelización. Esto requiere invertir un gran esfuerzo de elaboración, perfeccionamiento y mejora continua del “descendiente” (contenido). Sería una especie de equivalente a la estrategia “k”.

Por supuesto entre estos dos extremos existen en el mundo digital, como ocurre en la naturaleza también, una amplia gama de soluciones intermedias que resultan potencialmente exitosas.

Pero ¿Cuál es la mejor? ¿”r” o “k”? Esta pregunta no tiene una respuesta única: La elección de una determinada estrategia digital a seguir dependerá del objetivo que se persiga y del entorno en sentido amplio (target, mercado, competidores, recursos, capacidades…).  A fin de cuentas, ¿acaso se puede decir que insectos y mamíferos no han triunfado en su objetivo de sobrevivir?

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